miércoles, 17 de marzo de 2010

La alfarera celosa.

Si cierro los ojos y recuerdo, este libro me lleva a un tiempo en el que tenía las cosas tan claras que me era sin discusión lo que yo discernía, objetivo e inapelable. Ahora leo con duda, menos "gusto" y no me siento el chico que ponía ojos de miope para adentrarse más allá de la letra y el pensamiento. Me recuerdo con nieve y sin ego: la memoria es una frágil mentira, digo yo.

Recuerdo que en este libro lo compré en la cuesta Moyano (Madrid, no perdérsela los buenos lectores, está al lado del parque del Retiro, os pilla el Prado, museo, cerca...), recuerdo que me sedujo el título y la sinopsis. Sé que como siempre la sinopsis no es lo que me indujo y que sigo teniendo la percepción de que todas o casi todas son un horror. Esta sería una de las excepciones, por las que pongo el "casi" todas y no el "todas las sinopsis" de forma rotunda. De cualquier manera, era una época en que yo me sostenía en Frued-irrefutable, era un tiempo en que todo el mundo hablaba de él, era un tiempo en que todo el mundo hablaba, era un tiempo, lo siento, que nos dio autoridad moral y de formación a los de mi generación nacidos en los principios mediados de los años 60, los anteriores también. La cosa es que hablábamos mucho y de todo y , en mi recuerdo, está Freud como la interpretación de toda acción y la dificultad o imposibilidad de la refutación de sus argumentos y la autoridad en materias de tabues, sexo, etc... ¡He aquí que cae este libro en mis manos! ¿Está cuestionando siquiera este Lévi-Strauss, con nombre de pantalonero de los cojones, cuestionando, a Freud? Pues parece que sí, que Lévi-Straus el tipo que cuenta en el último capítulo el chiste en el que los analistas dan a los americanos el nombre de “reductores de cabezas”, se permite entrar a poner en tela de juicio algunos de las tesis de Freud. Este amigo de Lacan(el más argentino de los psicólogos), superrealistas ambos, o coquetos con este movimiento, se atreven con el método Freudiano… La cosa está en que, ahora que recuerdo, ya un tal Kroeber (creo que se escribe así) ya puso en solfa a Freud, cosa que por prejuicio, no me gustó. Pero sigo con el amigo Strauss, si no en muchas cosas de acuerdo con él, si tengo que decir que me entretenía debatiendo las refutaciones y observaciones que hacía sobre el método freudiano, al que en algún momento lo llega a comparar -el psicoanálisis- con la cura chamánica(no en este libro pero si en un artículo que me “hirió”). Es un libro , poco extenso 214 pags, el que elige Strauss para poder hacer una refutación el método, tesis o ensayos freudianos, pero sirve como espita para dar un primer toque que le servirá posteriormente para ponerse “frente a frente” con Freud, cosa que creo que no consigue, pues aunque el intento en este libro, es eso más un intento, de afirmar sus tesis de estructuralistas y con ello un simulacro de poner tierra de por medio con el inventor del psicoanálisis, pero que en el fondo y como reconoció a posteriori el mismo Lacan, no podían subrayarse las diferencias de una forma acentuada. Creo que Strauss se inventa un Freud a su medida, tal vez porque como el título del libro, la interpretación simbólica, al igual que la alfarería, es un arte celoso…No olvidar las palabras de Foster”Los alfareros se desvalorizan entre sí”, y no soportan la competencia.

*¿Qué tiene que ver el título de la crítica? Lee el libro...

Villo Argúmenez